No quedan sonrisas hipócritas,
no quedan lágrimas culpables
ni personas detestables,
no quedan frases cínicas,
tampoco quedan mentiras,
pero aún me quedan lamentos
que no se ha llevado el viento
ni los años de lejanía;
tal vez sea la manía
de recordar ciertos momentos.
En realidad no me quedan sonrisas,
aunque tampoco me quedan lágrimas:
sólo puedo inspirar lástima,
o una compasión casi infinita
exhibiendo antigüas heridas
que nunca cicatrizaron,
heridas que sólo dejaron
este vacío inmenso,
que me tienen seco por dentro
y que muchos nunca notaron.
Por años quise ser invisible,
moverme sin ser visto,
partir en cuanto
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