No recuerdo cuándo empecé a escribir... o creí que lo hacía; casi a cada día que pasaba me daba cuenta de que en realidad no estaba escribiendo, sino que hacía garabatos incomprensibles sobre el papel.
El paso de los años no mejoró la situación: si bien los garabatos se volvieron palabras, aún eran balbuceos infantiles para muchos de los que me rodeaban.
No recuerdo cuándo dejé de escribir. No recuerdo bien si fue porque con tanta crítica a lo escrito me creí que no tenía nada que decir, o fue que en realidad me sentí sobrando en el selecto grupo
Está casi comenzando todo de nuevo, y es rara la sensación de estar reconociendo un mundo donde no hay personas ni cosas nuevas, sino que son relaciones y asociaciones nuevas; se siente como que -sin previo aviso- las prioridades de todos al rededor hubieran cambiado, como si mis prioridades hubieran cambiado...
Pese a lo que pueda parecer, esto no es un caos, y está lejos de serlo. No me siento intranquilo por lo que estoy viendo, por lo que estoy sintiendo. Poniendo los pies en la tierra, la vorágine actual no es más que la reacción a
Sin saberlo, yo ere estepario muchísimo antes de autodeclararme como tal. Hoy, muchos años después que comencé a serlo, me acabo de dar cuenta. De todas maneras, debo reconocer que me da un poco de tristeza... pero muy poca.
Miraba vía facebook como están mis cercanos, mi entorno. Todos están conectados, todos tienen fotos de lo que hacen, todos tienen fotos entre ellos (aunque sea una antigüa), todos salen sonriendo. Y no me estoy quejando por no tener foto (de hecho, no me gustan), sino que me refiero al valor más profundo de una foto: tener un recuerdo menos frágil
Yo vendo unos ojos negros, ¿quién me los quiere comprar? Están en promoción: dos por el precio de uno. Advierto, eso si, que no están en muy buen estado: por más que he mirado en todas direcciones, no te he podido ver.
Yo vendo unas manos torpes, lentas, con dedos largos, torcidos y sonoros a veces. Tampoco están en muy buen estado: no han sido capaces de tocarte, de darte las caricias que han fabricado por años.
Yo vendo unos brazos delgados, sin fuerza ni gracia, lentos y cortos. Aunque parezca gracioso, tampoco están en muy buen estado: aunque te
La sangre caliente y espesa brota de mis heridas aún abiertas, heridas que me hicieron perder la conciencia y me dejaron destrozado en el suelo. Pensé que alguno de aquellos que cuidé cuando estaban mal vendrían, pensé que alguno de aquellos para los cuales casé cuando no podían levantarse me daría un poco de comida, pero no fue así: muchas de mis llagas, ahora infectadas, no pueden ser recuperadas con un simple lamido, pero las que se pueden recuperar las estoy lamiendo yo mismo, con el deseo de recuperarme aunque sea un poco para poder casar y alimentarme de nuevo.
Al fin has salido de tu guarida. Al fin te has mostrado. Al fin puedo verte a los ojos.
Atacaste por mucho tiempo desde las sombras, en silencio, por la espalda, cuando nada tenía yo que hacer para defenderme: escondiste puñales en tus caricias suaves, en tu cara inocente. Ahora no te quedan escondites, no tienes sombras para esconderte.
Más de una vez, en trágicas visiones, te vi como una bestia nauseabunda que iba succionando la sangre y la vida de quienes se cruzaban en su camino hambriento de realidades ajenas, porque eres un ente tan pusilánime que ni siquiera
Se levantó de la cama con agilidad. Fue al baño, y sonrió mientras se miraba al espejo. Al fin lo he conseguido, el esfuerzo valió la pena: ha terminado mi tratamiento. Y es que después de seis meses con esos medicamentos que ralentizaban su razón, cualquiera estaría alegre.
Al fin podré salir tranquilo de la casa, se dijo mientras abría el agua en la ducha.
Meses en la casa porque al doctorcito se le ocurrió que podía colapsar; me habría hecho mucho bien haber salido a pasear un rato, a tomar aire, pensaba mientras lavaba sus dientes.
No quiero volver a dormir: si me duermo, tal vez tenga esa clase de sueños otra vez. Y es que era tan real, amor...
No te había contado para no preocuparte, pero llevo meses durmiendo muy mal, con horribles sueños; evité contarte para no preocuparte más de la cuenta. Además, te ibas a preocupar más si te decía que tú aparecías en estos sueños.
Llevo un tiempo soñando que no me amas, amor. Si, yo sé que tú me amas mucho, me lo demuestras a cada instante... pero en mi sueño, eso no es
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